Hacia un modelo más sostenible: Claves y percepciones de la transición ecológica en España en 2026

La percepción social sobre la transición ecológica en España en 2026

El Observatorio de Transición Justa (OTJ), promovido por la Fundación Moeve y coordinado por Red2Red ha lanzado el Cuarto Informe sobre la percepción de la transición ecológica en España, un documento que se consolida como el mapa definitivo para entender qué piensa la sociedad de nuestro país ante este gran desafío, hacia dónde nos dirigimos y qué papel jugamos en el cambio. Este informe, , analiza de forma longitudinal cómo han evolucionado las percepciones, actitudes y emociones de la ciudadanía a lo largo de los últimos tres años respecto a la transición ecológica.

El evento de lanzamiento de este “mapa de la transición ecológica” el pasado 27 de mayo, contó con la participación de Maria Teresa Mañueco Pfeiffer, Directora de la Fundación Moeve, y Judit Carreras Garcia, Directora del Instituto para la Transición Justa. Tras la apertura, se desarrolló una mesa de reflexión moderada por Arturo Larena (Director de EFE Verde), en la que expertas como Lara Lázaro Touza (Investigadora Principal del Real Instituto Elcano), Ana Belén Sánchez (Directora de Alinnea) y Xosé Ramil Ferreiro (Coordinador de Fundaciones por el Clima) debatieron el rumbo de nuestras políticas climáticas y la transición ecológica. Los resultados principales del estudio fueron desgranados por Anabel Suso Araico, coordinadora del Observatorio, quien expuso las grandes líneas que definen el sentir social en este 2026.

Síntesis del estudio La percepción social sobre la transición ecológica en España en 2026: Entre el consenso, el desgaste y la realidad material

Esta cuarta edición se desarrolla a partir de encuesta a una muestra representativa de 3.280 personas realizada entre enero y febrero de 2026. La novedad de este informe respecto a años anteriores es la incorporación de un módulo enfocado específicamente en la percepción del riesgo climático y la adaptación, dos factores determinantes para activar la acción ciudadana.

Los datos arrojan conclusiones complejas. Por un lado, se mantiene un sólido consenso: un 78% de los españoles afirma la existencia del cambio climático. Sin embargo, la certidumbre ha caído siete puntos respecto a los datos de 2023. Esta variación es un síntoma de desgaste que enciende las alarmas sobre los peligros de la desinformación, las narrativas que atribuyen el calentamiento global a «ciclos naturales» y la sensación de distancia personal. Para revertir esta tendencia, el estudio aconseja enfocar la comunicación en la divulgación de los beneficios geopolíticos, industriales y económicos de la transición.

Del problema ambiental a la seguridad humana

Uno de los giros más notorios del informe de 2026 es el carácter experiencial con el que se percibe el cambio climático. Los fenómenos meteorológicos extremos (vientos, inundaciones y lluvias torrenciales) y las temperaturas extremas se consolidan como los efectos más identificados. Con todo, persiste una «brecha de proximidad»: la población percibe los eventos extremos como un problema de país, pero le cuesta asociarlos a su entorno inmediato, salvo en regiones especialmente vulnerables como el litoral mediterráneo.

El cambio climático ha pasado de procesarse como una crisis estrictamente ambiental a entenderse como un factor de vulnerabilidad cotidiana. La salud, la movilidad y la integridad física surgen como las dimensiones de la vida de las personas más susceptibles de verse afectadas a corto plazo. Esta interiorización es clave: a mayor percepción de afección en el día a día, mayor es la urgencia y el compromiso político. Por tanto, el gran motor de la acción climática ya no es la abstracta «conciencia», sino la experiencia viva.

Coste de vida y el imaginario de oportunidad

Las prioridades de la ciudadanía se están reordenando debido a las presiones económicas actuales, como la inflación o el difícil acceso a la vivienda. Esto se traduce en un descenso de 12 puntos desde 2023 en la prioridad otorgada a la acción climática. Para que las políticas verdes prosperen, deben formularse como una «propuesta de valor» que proteja el bienestar material de la población (confort térmico, salud y seguridad en los servicios).

A pesar de ello, el marco de oportunidad económica sigue ganando terreno:

  • El 56% de las personas encuestadas visualiza la transición como un motor de empleo.
  • El 51% la considera un vector de propósito común.

A pesar de este optimismo, este imaginario convive con el temor al ajuste territorial en el empleo: un 45% cree que podrían desaparecer empleos en su zona geográfica, si bien el miedo sobre el puesto de trabajo individual se mantiene bajo (20%).

La era de la «licencia social» y los límites del esfuerzo doméstico

El apoyo a energías renovables como la solar y la eólica sigue siendo mayoritario, destacando el fuerte crecimiento en los dos últimos años en la aceptación del hidrógeno verde, símbolo de innovación técnica. No obstante, el despliegue de infraestructuras renovables ha abierto una brecha entre el apoyo abstracto a las energías limpias y la aceptación en el territorio cercano. La transición ya no se discute por sus fines, sino por el dónde, el cómo, los impactos locales y la distribución de costes y beneficios, situando la licencia social y la legitimidad territorial en el centro de cualquier estrategia.

En el ámbito doméstico, la ciudadanía asume de buen grado los hábitos de bajo coste (reciclaje, ahorro de agua o transporte público), pero se encuentra con un «techo económico» y cierta fatiga ante medidas que exigen inversión o sacrificios financieros (como pagar más por energía limpia o la lenta adopción del vehículo eléctrico por sus elevados precios y falta de infraestructura de recarga). Además, existe una ilusión de suficiencia colectiva, ya que la mayoría considera que contribuye «igual o más que la media», lo que desincentiva la mejora de la acción climática.

Gobernanza y segmentación social

El modelo de gobernanza que exige la sociedad española está muy definido: un 84% reclama un liderazgo claro del sector público y un papel relevante de las empresas (43%), rechazando las decisiones tecnocráticas en favor de una deliberación guiada por criterios expertos (74%).

Finalmente, el informe demuestra que la opinión pública está fragmentada en tres perfiles sociodemográficos operativos muy claros (influidos por la edad, el sexo, la educación y la situación económica):

  1. Comprometidos (47%): Reconocen los impactos climáticos y respaldan la transición.
  2. Escépticos (34%): Aceptan el diagnóstico ambiental, pero son muy sensibles a las fricciones y costes económicos.
  3. Inmovilistas (19%): Combinan una baja creencia en el fenómeno con el rechazo directo a las medidas; se trata de un grupo que crece de manera sostenida y apunta a una mayor polarización social.

El gran reto del 2026 no es ganar la batalla de los objetivos climáticos (el «qué»), sino definir con justicia, equidad y participación el «cómo».

Difusión en medios de comunicación de la transición ecológica en España en 2026

El informe de La percepción social sobre la transición ecológica en España en 2026 se ha difundido en diferentes medios por su interés temático que dejamos a continuación.

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